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La Poesía Fotográfica de Luisa Azevedo

Fecha: 26/Mayo/2017
La Poesía Fotográfica de Luisa Azevedo

Recordáis los cuentos que nos leían cuando éramos pequeños en los que echábamos a volar la imaginación y literalmente nos introducíamos dentro de las historias, de los paisajes, de las escenas, de las casas. Qué momentos tan especiales en los que nuestra mente era infinitamente flexible, capaz de recrear escenarios mágicos, imposibles. Bueno, parece que Luisa Azevedo tiene esa virtud de retener las escenas e inmortalizarlas gracias a la fotografía y el retoque.

Composiciones sutiles, repletas de información, expresividad, sentimiento.

 

Una de las fotografías de Luisa Azevedo

 

En ocasiones, cuando estamos en el mar, descubrimos rocas o pequeñas islas en medio de la nada que permanecen a lo largo del tiempo inamovibles, tan sólo erosionadas por el efecto del agua y del viento. Nuestro yo interior exclama lo bien que deberíamos de estar allí, tumbados, relajados, sin ruidos, móviles, televisores, sin personas, diálogos, comentarios, tan sólo la paz y calma más absoluta. A continuación, siempre añadimos que para determinados momentos sí pero que es necesaria la capacidad de trasladarnos a otro sitio cuando queramos, no permanecer ahí por el resto de los días. Luisa Azevedo transmite la serenidad y calma con algunos elementos simples pero potentes: una amaca de tela unida a dos árboles con una persona descansando en ella en medio del océano... Sencillo, directo, mensaje captado.

 

Una de las fotografías de Luisa Azevedo

 

"Nada es verdad, nada es menira, todo depende del color del cristal con el que se mira" Una célebre frase que refleja a la perfección el mensaje de este trabajo de Luisa Azevedo, o al menos es la intepretación que nosotros le damos. Cuando las cosas son como son porque están estipuladas de ese modo en sociedad pero es muy probable que existan personas cuyo punto de vista difiera del de otros sin ser mejores ni peores, simplementes distintos. Una imagen con un paisaje montañoso, en tonos verdes por los bosques y azul por la inmensidad de ese espectacular cielo... pero es posible que sea una escena inhóspita, fría, en la que no se aprecian los detalles... Todo depende de la perspectiva y opinión de quién observa.

 

Una de las fotografías de Luisa Azevedo

 

Los viajes en avión tienen muchos alicientes. Uno de ellos es situarnos por encima de los mares de nubes que inundan el infinito cielo y que en un principio, desde el suelo, nos impedían ver el azul celeste debido a la cantidad de formas nubosas. En el momento que superamos esta "barrera" las nubes pasan a ser una inmensa y atractiva alfombra sobre la que surgen unas irremediables ganas de lanzarnos. Sus voluptuosas formas, suaves, redondas, blancas inmaculadas, la idea es que vamos a caer sobre ellas y nos vamos a hundir en la superficie más blanda y agradable que jamás hayamos probado e instantáneamente saldremos rebotados hacia arriba para de nuevo repetir el proceso. Luisa Azevedo, con el mar de nubes y el niño haciendo "cabriolas", ha sido capaz de transmitir estas sensaciones de un sólo vistazo.

 

Una de las fotografías de Luisa Azevedo

 

Falta comunicación, falta interés en entender cómo funciona este maravilloso ente que es la causa de todas las cosas, falta interés en los habitantes que pueblan la inmensidad de la madre Naturaleza. Como tantas veces hemos repetido, las personas somos egoístas por genética, sólo nos preocupamos cuando algo es irreversible o está a punto de serlo. Más aún, no nos damos cuenta que somos insignificantes, un granito en una montaña de arena y las consecuencias negativas las pagará la especie humana, nadie más. Es momento de intentar entendernos con el entorno, respetarlo, mediar para que las piezas del engranaje vuelvan a moverse de manera dinámica, como un todo. El montaje de la imagen es sobresaliente, una vez más imprimiendo esas dosis de surrealidad que tan bien maneja Luisa Azevedo y dotando de cierta racionalidad con el mensaje que quiere transmitir. Parece contradictorio pero se complementan perfectamente.

Un gustazo admirar el trabajo y la poesía de Luisa Azevedo.

 

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