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Observando al Ser Humano por Joel Meyerowitz

Fecha: 19/Abril/2018
Observando al Ser Humano por Joel Meyerowitz

Qué cierto es que muchas veces nuestro verdadero talento no lo aplicamos porque tan siquiera somos conscientes de su existencia, es necesario, con suerte, que se produzca algún hecho para despertar esa capacidad innata y que brinde la oportunidad de desarrollarlo como merece. Joel Meyerowitz es un claro ejemplo. 

Este fotógrafo nació en Nueva York en el año 1938 y, tras cursar Arte e Historia del Arte, trabajó en una agencia de publicidad como director artístico y su tiempo libre lo ocupaba elaborando cuadros y pinturas. En ese momento no había prestado la más mínima atención al mundo de la fotografía.

 

Una de las fotografías de Joel Meyerowitz

 

Un buen día decidió acercarse a la sesión de fotos para un catálogo que él mismo había diseñado. El encargado de realizar esas fotografías era un tal Robert Frank quien disparaba su cámara de manera continua mientras las niñas "modelos" ignoraban su presencia actuando de la manera más natural posible. Esa idea de plasmar la realidad, de buscar y capturar los momentos que tienen lugar en el día a día y que poseen un gran valor es lo que más llamó la atención a Joel Meyerowitz quien, sin perder un sólo minuto, comunicó en su agencia que no quería continuar trabajando, que la fotografía iba a ser su sueño llevado a la realidad.

Sin duda, un destino que a todos nos beneficia ya que podemos admirar el sobervio trabajo fotográfico de este hombre nacido en el Bronx y que sabe inmortalizar como nadie las calles de la ciudad.

 

Una de las fotografías de Joel Meyerowitz

 

En sus primeros compases, la fotografía en blanco y negro era su protagonista. Aportando ese matiz tan especial que ofrece, pinceladas clásicas, vintage, mostrando otras épocas pasadas que muchos guardamos en la retina de la memoria y que, por suerte, hubo y hay personas capaces de reservarlas para el resto de nuestros días. Al observar las imágenes piensas en los momentos que representan, circunstancias cotidianas que Joel Meyerowitz maneja de manera creativa. De repente son sumamente atractivas, invitan a pensar en el por qué está esa mujer sonriendo o qué están mirando los personajes que comparten escena con ella. El clásico expendedor americano de CocaCola de los años sesenta, el recipiente con la bollería, el servilletero... artículos de más de cincuenta años que hoy en día vuelven a estar de moda.

 

Una de las fotografías de Joel Meyerowitz

 

Un simple tendedero visto de lado con sábanas secándose, agitadas por un intenso viento que hace las delicias del movimiento. Dinamismo y acción amenizados por unas gamas de colores llamativos y originales, erigiéndose como un abanico de tonalidades y texturas. Y la guinda la encontramos en ese contraste con un cielo azulado sembrado de motas blancas en forma de nubes. Esa brisa que parece recorrer la escena casi la sentimos en nuestro propio rostro, surcando nuestras mejillas, cabellos, obligándonos a cerrar los ojos para que no entre alguna porquería. Es lo que tiene Joel Meyerowitz, de un tendedero en la trasera de una casa es capaz de crear una composición llamativa, expresiva, dinámica, viva.

Las épocas pasadas, el transcurso de los años, todo va tan rápido hasta el punto en que no somos conscientes de esta situación. En ocasiones, nos damos cuenta cuando nos topamos con objetos, construcciones, fotografías, que reflejan fielmente esas épocas por su estilo, diseño, por el estado en el que se encuentra, y cierta nostalgia invade nuestra cabeza intentando recordar esos momentos casi olvidados, no por voluntad propia sino por el propio transcurso de la vida, de la vivencia de nuevos asuntos, experiencias. 

 

Una de las fotografías de Joel Meyerowitz

 

Una calle solitaria, ningún viandante o automóvil, una esquina con un comercio un tanto descuidado probablemente sin actividad. Parece que Joel Meyerowitz trata de encontrar hermosura entre la "decadencia", es una sensación similar a la que refleja una ciudad como La Habana, donde el 90% de la ciudad es pura decadencia, edificios grises, oscuros, sucios, derruidos, calles maltrechas con firmes repletos de socavones, independientemente de que luego en el interior de los edificios la cosa cambia ya que no se corresponde con el exterior, por suerte. Pero la capital cubana, como la imagen de Joel Meyerowitz, engancha, embelesa, invita a pensar, a divagar sobre los motivos de su desuso, de su mal aspecto y mala conservación. Despierta en nuestro cerebro algun elemento, sensación o como queramos llamarlo, que apasiona.

 

Una de las fotografías de Joel Meyerowitz

 

Ssssssshhhhhhh... silencio, mutismo, quietud, relax, introspección. Estas y otras tantas sensaciones son las que percibimos observando la serie de fotografías donde Joel Meyerowitz inmortaliza momentos de la bahía, con unas aguas en calma espejo del cielo que tienen sobre ellas. Si sumamos a este cóctel unos tonos pastel abrumadores, sensacionales, decoran la magia de la escena, la transforman en algo bonito, romántico, la serenidad deambula en cada uno de los píxeles de la fotografía. Tan sólo una delgada línea oscura es la que distingue qué es mar y que no lo es, donde finaliza el medio acuoso y comienza el aéreo.

Hasta aquí el breve repaso al trabajo de Joel Meyerowitz.

Podéis consultar su extenso portfolio fotográfico en su sitio web de donde hemos obtenido las imágenes.

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