Álvaro Loza

“No trato de contar de dónde vengo sino a dónde voy”. Álvaro Loza, joven, viticultor, elaborador y sin antepasados relacionados con el mundo del vino. Entre sus ideales está no querer seguir un camino, sino crear el suyo propio, creer en él y mantenerse fiel al mismo.

Y para ello, para recordar la senda que debe seguir, buscar motivación y generar confianza en su propósito recurre a la simbología que le ha guiado hasta aquí y quiere que lo siga haciendo en el futuro. Ahí están el Sol como responsable de la vida, la Luna como madre de un ciclo ligado al campo y a la tierra, las Alas que no solo le han permitido volar sino que tendrán que abrirse a nuevos horizontes y un León de intensos y profundos ojos azules que para Álvaro representa el coraje y la disciplina.

Es la manera en la que Álvaro expresa sus pensamientos e ideas. Una serie de símbolos hoy diseminados en su carta de presentación, pero que, como todos sabemos, acaban por encontrarse al final del camino.

Silueta de una botella de vino de Álvaro Loza, con etiqueta clásica que reúne símbolos personales del viticultor.
Silueta de una botella de vino de Álvaro Loza, con etiqueta clásica que reúne símbolos personales del viticultor.
Silueta de una botella de vino de Álvaro Loza, con etiqueta clásica que reúne símbolos personales del viticultor.

Una presentación sencilla, clásica y elegante gue esconde los símbolos que Álvaro Loza utiliza como guia para mantenerse fiel a su camino... y a sus principios.

Declaración de intenciones

Una etiqueta en una botella de vino es mucho más que un simple adorno o un elemento que contenga aquellas cosas que el elaborador considera relevantes. Una etiqueta de vino constituye una verdadera declaración de intenciones. Lo que ella contenga, más allá de los aspectos legales, constituye un compromiso con el pasado y el futuro de la bodega, con su trayectoria, con su historia y, sobre todo, con todas las personas que van a entablar una relación con ella. Es una firma ante notario, un juramento, un certificado de buena conducta, un contrato indefinido y, ante todo, una promesa. De las de obligado cumplimiento.