
Castell de Vilarodona
Un legado forjado en el tiempo.
El Castillo de Vilarodona es la piedra angular de una historia que la familia Sanahuja ha tejido desde el siglo XVII. Durante dos siglos, generaciones dedicaron sus vidas al cultivo de la vid y a la elaboración de vinos y aguardientes, estableciendo un vínculo profundo con esta tierra. En los años 70, el padre de Enrique, actual propietario, tomó la decisión de restaurar el castillo, devolviéndole la vida tras años de abandono. Hoy, los vinos que nacen de Vilarodona capturan esa misma esencia: un reflejo del terruño, del esfuerzo y de la memoria que se transmite con cada generación.
Es obvio que su presentación debía transmitir esa conexión con el tiempo y con la tierra. Elementos que evocan la fuerza, la esperanza y el arraigo se entrelazan en un diseño que respira historia. Formas, texturas y símbolos construyen un relato visual que nos invita a explorar más allá de lo evidente, creando un puente entre quienes forjaron este legado y quienes ahora lo disfrutan.
Cada botella de Castell de Vilarodona es una conexión viva entre pasado, presente y futuro
El legado como narrativa
Hay creaciones que exceden la función y se convierten en iconos. Cada elemento habla, cada textura evoca y cada símbolo resuena en la memoria colectiva de quienes lo interpretan. Diseñar para un legado no es solo un ejercicio técnico, es la búsqueda de un equilibrio entre la fidelidad a la historia y la visión del presente. Es construir un relato visual que conecte diferentes periodos. Cada detalle debe resonar como un eco del pasado y, al mismo tiempo, abrir las puertas al futuro. Como si el diseño fuese un puente entre quienes estuvieron allí y quienes un día estarán.